Estamos acabando el año y se supone que hay que hacer balance de lo que hemos vivido en estos últimos doce meses.

Yo no suelo pararme a reflexionar en lo que me ha pasado a lo largo de los años, a no ser que necesite hacer acopio de recuerdos para tomar una decisión importante, pero este año ha sido especial porque gracias a muchas de vosotras he redescubierto el tejer y con ello, todos los cambios que espero estén por venir en 2019.

Tejiendo he aprendido a concentrarme, a relajarme, a evadirme del entorno, focalizando todos los sentidos en una sola cosa….Todo lo que me ha aportado el tejer es bueno y  provechoso y me ha enseñado el camino que debo seguir para ser feliz. Solo los dolores de las articulaciones de las manos y de los codos,  son los palos en las ruedas que a veces me hacen parar y descansar para continuar tejiendo.

Decía Julio Cortázar que las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma.

red heart on a old opened book ii
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Me permito la licencia de hacer mía la frase y adaptarla, con lo que quedaría así: Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que sentir, desborda el alma. Y cuando las palabras no alcanzan, solo el tejer calma el alma.

Siempre he sido escéptica a la hora de creer que hay actividades de “sanan” cuando estás pasando una mala racha y físicamente no te duele nada. De hecho, sigo siendo escéptica, aunque la frase Mens sana in corpore sano, resuma en 5 palabras una verdad como un templo.

¿Y por qué toda esta reflexión? Porque hace unos meses perdí a un ser muy querido y el vacío que dejó sigue siendo difícil de sobrellevar. El tiempo lo cura todo, dicen, o casi todo, pero cuando no hay tiempo suficiente para sanar las heridas del alma, solo el tejer ha traído algo de paz a ese dolor.

Durante dos meses, la lucha por salir adelante y vencer una enfermedad que no lográbamos averiguar a qué se debía, ha sido agotadora. Días largos y noches eternas en vela, siguiendo unas pautas médicas para evitar el desenlace que sin esperarlo, llegó.

Hoy, casi tres meses después, puedo decir que solo el  tejer ha ido curando un alma rota. Un alma que esperaba un final feliz, que esperaba la paz que da el recuperarse de una enfermedad.

Ahora la paz viene en forma de puntos, en forma de vueltas. El dolor se va diluyendo poco a poco, a medida que la labor suma centímetros, a medida que se encadenan las vueltas.

Cada punto que pasa de aguja a aguja se lleva parte de esa angustia que encoje mi alma. Cada hebra devuelve la serenidad a un futuro que hay que mirar con esperanza y con ganas de comerse el mundo.

El tejer empuja a la pena al final de la hebra y con el comienzo de un nuevo ovillo, invita a seguir adelante.

2019

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