Desde que tengo cuenta en en Instagram me he fijado que se organizan escapadas “tejeriles” en las que comparten su tiempo con otras tejedoras, sus ideas, sus filias y sus fobias con las agujas, a la vez que pasan un buen rato en compañía de personas con sus mismas afinidades.

Cuando lo vi por primera vez, pensé en apuntarme ya que conozco a muy pocas tejedoras y era una fantástica oportunidad de relacionarme con mis “semejantes”, aprender y sobretodo escuchar sus historias y sus experiencias. La verdad es que me gusta más escuchar que hablar.

A medida que se acercaba la fecha de la quedada, reunión, fin de semana o como queráis llamarlo, y conocer más detalles de en qué iba a consistir me di cuenta que, aunque tenía muchas ganas de acudir, no iba a pasarlo bien al 100% porque había dos aspectos importantes con los que no iba a estar a gusto: la comida y los materiales.

Para una tejedora que no usa lana ni ningún material de origen animal es complicado “encajar” en grupos donde, menos algodón, se usan ovillos de todo tipo, especialmente en invierno, donde la escasez de alternativas a la lana, la alpaca, el mohair, etc es una carrera de obstáculos.

A mi por ejemplo, me encantan los talleres donde se trabaja un patrón con la diseñadora y en una tarde, te echas unas risas, meriendas, conoces a la mente privilegiada que ha creado esa prenda, conoces a otras tejedoras y pasas un rato agradable con gente que “está igual de loca que tú por el tejer”.

Suelo apuntarme a los que se hacen en primavera/verano ya que todas tejemos con algodón. Cuando se trata de una prenda de otoño/invierno ya viene la parte “complicada”: tengo que buscar el material que sea válido para ese patrón (pero que no sea lana), que encaje con el tipo de aguja, el tipo de prenda y que también caliente, si esa es una de las funciones de la prenda (por ejemplo, una chaqueta o un gorro).

Claro que hay mil millones de materiales acrílicos, pero que sea acrílico no significa que sea sostenible, así que ya que intento que ser respetuosa con los animales, también intento serlo con el medio ambiente.

Teniendo en cuenta todos estos factores, y pensando que quizá no soy la única tejedora vegana que se ha topado con esta situación, pensé en que, por qué no, organizar un encuentro de tejedoras veganas, pero sin las mismas pretensiones que estas escapadas de fin de semana.

Un encuentro donde poder conocer a otras tejedoras como yo, saber qué dificultades tienen para encontrar materiales libres de sufrimiento animal, conocer qué manías tienen al tejer y aprender unas de otras….. Hacer lo que hacen el resto de tejedoras “normales” pero con la diferencia de que todas seríamos veganas.

Dado que mi poder de convocatoria es más bien escaso y la única tejedora vegana que conozco soy yo misma, mi idea no era organizar un macro evento de fin de semana, con actividades, comidas, excursiones, etc. sino encontrar un punto en la geografía que nos viniera bien a las muchas o pocas tejedoras veganas que respondan a esta iniciativa, quedar una mañana, una tarde, o un día entero y conocernos, explicarnos nuestras “penas tejeriles” como veganas y, por qué no, sentar las bases de un encuentro que tenga cierta regularidad en el tiempo. También puede ser una buena forma de establecer contacto con marcas veganas para darlas a conocer y saber qué marcas tienen opciones éticas para ayudar a aquellas tejedoras que no quieran usar materiales de origen animal.

Tengo la idea medio estructurada en la cabeza de cómo podría ser este primer encuentro, qué podríamos hacer, en qué espacio de tiempo, etc. pero me falta la materia prima: vosotras, las tejedoras veganas.

No importa de dónde seas, dónde vivas ni tu nivel “tejeril”. Solo hay un imprescindible: ser vegana y tejedora (bueno, son dos imprescindibles). Tampoco tengo una fecha en mente, ya que todo depende de cuantas tejedoras respondan a la idea. No importa que seamos cuatro, tres o ¡dos!. La cuestión es reivindicar nuestro espacio en el mundo de las agujas y ser un referente para las que quieran animarse y no sepan cómo.

Con ello no quiero discriminar a la tejedora que no sea vegana, pero con lo que nos cuesta a las veganas abrirnos paso entre lanas, cachemiras, alpacas, mohairs, etc en un espacio de este tipo , sí es imprescindible el “derecho de admisión”.

Si eres tejedora, vegana y quieres compartir con otras tejedoras como tú, tu experiencia, tus filias y tus fobias con las agujas, no dejes de ponerte en contacto conmigo y formar parte de este proyecto al que he llamado: Encuentro de tejedoras veganas.

¡Anímate y escríbeme a tejervegano@gmail.com!

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